• El legado de un chamán

    El legado de un chaman Por Rose De Dan

     

    • Practica la simplicidad absoluta.
    • Toma responsabilidades.
    • Quédate fuera de tu cabeza, percibe con tu corazón.
    • Sé fantástico.
    • Juega más fuerte.
    • Despójate de la violencia.

    Estas son unas pocas de las palabras de guía transmitidas por don Manuel Quispe a aproximadamente 60 iniciados chamanes en un taller reciente. Qué es lo que hace estas palabras tan importantes que he sentido la necesidad de escribir un artículo sobre mis experiencias?

    Primeramente, la fuente. Don Manuel tiene 97 años y nació en el pueblo de Q’ero, muy alto en las montañas de Perú. No puede leer ni escribir, y habla una  muy antigua versión del Quechua, por lo que todas sus enseñanzas son traducidas. El es la corporización de una tradición centenaria de preparación chamánica y el último de los altomesayoqs de Perú (un sanador que habla con las montañas, especialmente con Ausangate) y uno de los más reverenciados.

    En segundo término, el propósito de la visita de don Manuel. En 1995, don Manuel previó que los nuevos chamanes vendrían del Oeste – que el sagrado cóndor de los Inkas volaría ala con ala con el águila del Norte, es decir Estados Unidos. Por primera vez, don Manuel abrió las enseñanzas a los del Oeste, y los presentes en los talleres son algunos frutos de la cosecha proveniente de la siembra inicial.

    Luego de los sucesos del 11 de setiembre, don Manuel recibió el mensaje de que necesitaba regresar a los EEUU una última vez (un evento inesperado, dado lo frágil de su salud). Aquí, él fue guiado para realizar ceremonias públicas en las costas Este y  Oeste con el objeto de sanar esos trágicos eventos y para abrir el camino para la paz futura. Adicionalmente, fue guiado para enseñarnos una última vez.

    El arribo de don Manuel a Washington fue milagroso en sí mismo. En New York él había pedido ser llevado a Ground Zero  para efectuar la ceremonia, donde se sintió tan enfermo que debió ser llevado de urgencia a un hospital. Su vida pendía de un hilo y José Luis Herrera y Porfirio Sequeiros trabajaron junto a don Manuel para restablecer su salud. Don Manuel estaba obstinadamente determinado a estar en Washington  para este último evento.

    Cuando lo vi en la ceremonia pública, puede ver cuan agotado, frágil y cansado estaba; los apus estaban literalmente manteniéndolo vivo para estas tareas finales. De todos modos, en el momento de comenzar la ceremonia, la energía cambió y su piel se volvió casi traslúcida, como una linterna de papel. La energía lo iluminó desde el interior y se derramó sobre y en la ceremonia que conducía para sanar el dolor y la pena sentida por las familias conectadas con los eventos del 11 de setiembre y todos los que han sufrido por la violencia que se ha transformado en la trama de nuestra existencia.

    Esto fue solo el comienzo. Al día siguiente comenzó el entrenamiento. Una vez más don Manuel se veía más viejo de lo que jamás lo había visto y nos preocupaba que pudiera estar en condiciones de sostener los tres días de entrenamiento. Sabíamos que los doctores habían decretado que cada cuatro horas debía recibir terapia con oxígeno y descansar.

    Lo que todos vimos ese fin de semana fue lo que significa estar conectado a Todo lo Que Es en el universo, sin ego, y cómo solamente viniendo de un lugar de amor con impecabilidad, gracia, coraje y más especialmente con risas, uno puede literalmente movilizar no solo su propia energía sino la de otras 60 personas.

    Ese fin de semana yo venía con una gran pena personal por la pérdida en la noche anterior, de una relación con un hombre con el cual pensaba que iba a pasar el resto de mi vida. Sabiendo que los tiempos no son casuales, traté de mantenerme receptiva a lo que necesitaba aprender y cambiar de mi misma en ese fin de semana. Una vez que ingresé dentro de la energía del entrenamiento, las cosas comenzaron a cambiar y a moverse de maneras que jamás habría sospechado, resultando finalmente en una renovación y fortalecimiento de aquella relación que yo creía ya perdida.

    Don Manuel nos condujo a través de una serie de procesos chamánicos diseñados para asistirnos en la reconstrucción de nuestras cosmologías personales y en la liberación de nuestras viejas historias. Parte del camino que se realiza es la completa divulgación. Solo siendo completamente abiertos a otros podemos volvernos invisibles a las energías negativas. Don Manuel declaró que “el poder personal debe ser de servicio para vs. gente y para vosotros mismos. Compartan, de otro modo ese poder va a aislarlos”.

    Don Manuel decidió que deberíamos hacer una mesa mastai, lo que significaba que él personalmente visitaría cada una de nuestras mesas (una mesa es una colección de piedras sanadoras que han sido personalmente trabajadas por el chamán alrededor de sus cuestiones personales, por lo tanto la curación de esos problemas personales se vuelve una fuente de poder y también de curación para otros). Abrimos nuestras mesas, tomando conciencia de que don Manuel estaba por mirar profundamente dentro del alma de cada uno de nosotros. Mientras miraba las mesas podía leer la energía y con precisión señalar las áreas que necesitaban trabajo dentro de cada persona o elogiar el duro trabajo realizado correctamente. Utilizando su mesa, don Manuel trasladaba energía de ésta a las nuestras, facilitando el cambio.

    Esta fue una tarea que le tomó varias horas para completar. Fue la demostración más expresiva de dedicación y habilidad que yo hubiera visto jamás y tuvo poderosos resultados. Todavía estamos descubriendo qué aspectos de nosotros movilizó sin que nos apercibiéramos de ello.

    Durante un momento durante el fin de semana, don Manuel realizó una lectura de las hojas de coca. El verdadero trabajo de un chamán es poder ver qué es lo que está comenzando a manifestarse en el nivel energético y actuar allí, donde es más fácil cambiarlo, antes que el problema se manifieste en el plano físico. Nos shoqueó  a todos cuando nos anunció que otra guerra estaba  por producirse, pero no aquí, sino lejos. Se entristeció y dijo que centurias de esa forma de manejar las diferencias no había funcionado y que necesitábamos realizar una ceremonia para transformar la energía en paz y armonía de modo que esa energía pudiera moverse por todo el mundo. Realizamos esa ceremonia, uniendo nuestros kintus (un trío de hojas de coca sobre los que se insufla una plegaria) a los suyos. Cuando finalizamos, descubrimos que afuera de nuestro edificio se había congregado una manada de ciervos durante la ceremonia y que observaban pacíficamente a través de las ventanas.

    Lloré mucho ese fin de semana, principalmente con una sobrecogedora sensación de amor y reverencia hacia lo que estaba percibiendo alrededor y dentro mío, por el amor con que don Manuel llevaba a cabo su misión y por el esfuerzo que estaba realizando para traspasárnoslo. Sus palabras me dieron directo en el corazón cuando dijo “Tengo lágrimas en los ojos y en el corazón. Desearía ser un hombre mejor para plantar estas semillas en vosotros”. Nos alentó a adoptar nuestro poder personal dejando todo aquello que nos tiraba hacia atrás, nos alentó a sentir con el corazón, y principalmente, a jugar.

    En una ceremonia muy energética, don Manuel pasó sus karpays personales (su medicina) directamente a cada uno de nosotros, algo que según entiendo solo se hace cuando el chamán sabe que es su tiempo de partir de este plano de existencia. Habló humildemente, abiertamente y honestamente sobre su vida y cuánto la había disfrutado, incluso las penuria, cómo deseaba tener más tiempo para explorar las maravillas del mundo, y cómo planeaba hacer un último peregrinaje a su montaña de nacimiento y terminar sus días con ella a su espalda.  Nos encargó seguir adelante y hacernos carne con todo lo que habíamos aprendido, llevarnos las semillas de estas enseñanzas a nuestros hogares, familias y comunidades y sembrar nuestras propias semillas, cada uno a su manera, de modo que el mundo pueda dar una futura cosecha positiva.

    He aquí algunos pensamientos de don Manuel, quien regresó sano y salvo a sus amadas montañas peruanas. Muchas bendiciones a él.

    •  No conspirar con la realidad; crearla.
    • Estar disponibles
    • La simplicidad proviene de la incorporación de la responsabilidad; elegir las responsabilidades cuidadosamente.
    • Ejercitar la pasión del amor incondicional.

     

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